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Jorge Barbona: “Para empezar a ser petisero tenés que ser educado”

HISTORIAS DE PETISEROS


“Yo trabajé siempre en el campo. Me crié en el campo, soy de Corrientes. En el año 1998 vine de ayudante de un conocido, de un pariente mío, para trabajar con Gonchi Von Wernich. Primero arranqué con el hermano, Federico. Me tomaron como ayudante, se fue el petisero y quedé”.



El relato pertenece a Jorge Barbona, petisero con más de 30 años de experiencia y mucha dedicación en el polo. “A la familia Von Wernich le agradezco por todo lo que han hecho por mí”, dice mientras cuenta sobre su presente: “Desde hace 14 años trabajo con Martín Orozco. Con él creo que aprendí un montón de cosas más. Martín es una persona a la que le gusta mucho el manejo del caballo. Siempre estamos apuntando a mejorar las cosas con los animales, el manejo, la cuida... También fui su petisero en Europa, hemos ganado un par de Copas allá”.


Jorge es un agradecido de su trabajo: “Todo lo que hice y todo lo que cumplí fue gracias al polo. Conocí mucha gente buena, recorrí lugares lindos. Y me gustan los caballos, realmente me gustan todos los caballos. Me gustan las presentaciones, siempre estar compitiendo, me gusta el ambiente de polo, que es un ambiente muy lindo. El manejo de caballos es lo mejor. Hay que aprender bien, y también saber que para empezar a ser petisero tenés que ser educado y que siempre tu patrón tien que estar conforme”.


Jorge Bardona, un petisero de pies a cabeza.


“Aprendí de chico que había que usar el orden, el respeto y la ubicación para todo”


“Me apasiona cuidar bien a un caballo. Si llegan a jugar el polo bueno, me pone contento porque uno dice: ‘el sacrificio que hice, se logró’. Te ponen contento esas cosas. Me gusta cuidar los caballos, y también me doy maña para jugar al polo con los caballos nuevos. Lo que más me divierte es llevar una yegua para que juegue el polo Ato en Palermo. La buena competencia, eso ya me pone muy contento”.

Jorge Barbona cuenta lo que más le gusta de su trabajo. Y sigue: “Me gusta montar los caballos, que estén bien trabajaditos, y de ahí, son cosas que uno va aprendiendo en la vida. Aprender es lo más lindo. Llegar a la cancha, sentarme, tener todas las cosas en orden… No me gusta que me falte nada, no me gusta pedirle cosas a nadie en la cancha, me gusta tener toda la ropa bien ordenada. En las caballerizas. mucha prolijidad también, no me gusta ver nada tirado. Aprendí de chico que había que usar el orden, el respeto y la ubicación para todo, porque es así”.